Se sienta, pide el café, enciende el cigarrillo, cierra el libro que ocasionalmente se ha dejado leer con el generoso y colmado de palabras silencio habitual. Necesariamente empieza a recorrer los pasillos, amplios o estrechos, de la memoria y a encontrar cosas y rostros familiares. Ese sencillo orden del universo que tenemos todos en la memoria se despliega en todas direcciones. Se pregunto ahora por esa imagen, por el contraste de la sábana en la penumbra, por el caos circundante, por el significado misterioso del silencio. Tiene frio (ella también) pero no es algo insoportable, por el contrario, resulta cómodo, grato. Mira desde lejos concentrandose en la imaginación de los rasgos que la oscuridad esconde, en los gestos y los colores que se escapan a sus pobres ojos. Pasa un instante y otro y otro y... ahi está, como tantas veces, en el libro de Raspe, riendo con las aventuras del barón que cada vez le provocan más hilaridad. La imagen se mezcla con sus viajes por Rusia y por Ceilán, con las cábalas y los calculos de las últimas semanas, con la irresponsabilidad de las acciones, con la torpeza inusual, con su aire despistado o su reconcentrado cigarrillo. Llega luego una oleada de tristeza, de sabor amargo, de aliento podrido, de hojas muertas, de agua estancada. Llega y se queda en el mismo lugar donde se acomodan con esfuerzo las palabras pronunciadas con el alma y las promesas que no hay que cumplir. Cada cosa responde a una fibra del alma y empieza a sonar en su oido un tango. Sigue escuchando, sigue retumbando despacio en las bóvedas de piedra.
Lo siente aún en el pecho, más que en las rodillas, en el brazo derecho o en los ojos...
Sabe que no callará, que no mentirá, sabe, sobre todo, que es cada una de esas partes contradictorias y en eterno movimiento. Un abrazo, quizá sí, uno abrazo en ese circulo, con el escozor de las simples, maravillosas, queridas cosas, que tercamente se van quedando en el camino. Nunca se aprende a perder, nunca. No puede, no lo desea, probablemente reaccione y encuentre el camino. Termina el café, vuelve al libro, una página más.

ayer? hoy? ESCRIBE!!!!
y ayer? y hoy?... me hace el favor Don Magroll y sigue escribiendo!!!