La razón no sirve para la existencia. Sólo sirve para demostrar teoremas o fabricar aparatos. El alma del ser humano en lo más profundo, no está para esas cosas.
Hace tiempo que Sábato, por caridad, dejó de hablarme al oído. Ya no leo en sus personajes, como en mi juventud temprana, un mensaje esperanzador, un auxilio tranquilizador para el alma atribulada. Desde entonces, cada que nos vimos sentí una enorme amargura, me sentía como poseído de un mal incurable que me podría el alma. Sin embargo hoy me he encontrado con un amigo que me envía -sin saber lo que signifaca para mi en este instante- unas líneas del (¿odiado?) maestro, estas como tantas otras, cargadas de una intensa visión de la realidad.
La razón no sirve para la existencia. Sólo sirve para demostrar teoremas o fabricar aparatos. El alma del ser humano en lo más profundo, no está para esas cosas.
Cuando la leí recordé un par de discusiones ocurridas en los últimos días, en particular el punto de inicio fue un ejercicio de creación que emprendí con alguien en un café (¿te acuerdas, verdad?) buscabamos una historia y terminamos señalando una relación ser - hacer. Fue apenas el inicio.
La charla se ha expandido sin que pueda detenerla y ahora viene esta línea a terminar la tarea amarga de romperme el corazón. Tanto tiempo hemos vivido intentando comprender con la razón, presas del delirio iluminista, que ya no sabemos que hacer allí donde la razón no presta las luces, cuando son los demonios que cada cual combate los que deben darle sentido a su existencia.
Tenia razón Voltaire y su sencillo Brahamín.
