Habíamos sido recibidos en medio de las ovaciones, uno a uno, en la medida que ingresábamos al un amplio salón, Luego vinieron los discursos, los agradecimientos, el infaltable panegírico. De allí nos invitaron a comer un helado, fue genial. El recipiente era enorme y necesitábamos de las dos manos para batallar con plato tan halagüeño. Las niñas, que se habían formado en dos hileras paralelas a modo de calle de honor, rodearon la mesa de manteles blancos sobre la que descansaban coloridas flores. No supe exactamente lo que pasó, los bates se levantaron en perfecta sincronía, mezclaron y confundieron, helado, sangre y cabellos. Nadie lo esperaba, habíamos sido recibidos en medio de las ovaciones, uno a uno, en la medida que ingresábamos al amplio salón…

EAC

Mayo 18 de 2006.