Los aserraderos del xurandó
El viaje es dificil, humedo, el práctico silencioso y el capitan ebrio, el extranjero sospechoso y los indígenas mounstruosos....
Desde el primer momento, todo empieza a diluirse, la historia del aserradero empieza a ser más y más increible pero el barco remonta la corriente monótona como el ronquido del motor diesel.
Hay episodios así, creo que si, dirigidos por un alma de suicida que no hace más que lanzarse de cabeza al vacío, por el mero hecho de experimentar, de ver que ocurre. Al final no hay sorpresa pero sí una pena extraña, pegajosa, viscosa, una pena que facilmente -pero con un patetismo infinito- se convierte en chascarrillo. Llega el tiempo y hace su parte, entre tanto se escribe o se lee, o se toma café o se fuma o todas las cosas a la vez.
Nos preguntamos si volverá a ocurrir y hacemos juramentos para concluir que si, que volverá a ocurrir, que seguirá ocurriendo porque lo que realmente atrae no es el puerto sino el remontar la corriente, no es el destino sino el viaje.
Me he preguntado varias veces aquello de "por qué el ser y no la nada" y ya tengo una respuesta, "Por casualidad".
La luna me observa y yo sé que está ahí, tan cierta como el sol que no quiero ver salir por simple desidia, por esa magnífica pereza que se adueña de la pasión de vivir al final de cada visita al corazón de los esquinazos del azar. Vendrás ahora a sentarte a mi lado, mientras busco entre mis cosas un puñal conveniente, hablaremos entre tanto, beberemos algo, fumaremos juntos y pasearemos por lugares comunes. Todo para confirmar el valor que se oculta tras esa frase de cajón que avisa que "no hay peor forma de soledad que estar sentado a su lado y saber que nunca la podras tener", sin embargo la charla se hará eterna y su rostro será otro y su voz cambiará y los libros sean presa de sucesivos palipsestos, vale.
Sin duda quedan las instantáneas, las que contruyen las historias particulares, las que nos llevamos al misterioso tunel del futuro, profundamente, sin más.
Empiezo a ir y venir en el laberinto de la mente descolgando cuadros y empacando líneas, apartando lo que servirá para después, preparando la siguiente batalla, la sangre correrá en el ara del sacrificio, huitzilopochtli será saciado y el movimiento se mantendrá.
Por qué entonces Maqroll? porque estoy seguro que el también habría jugado con muñecas, por lealtad, por sus años, por mi.
